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Por qué ser bueno ya no alcanza (y qué hacer al respecto)

David BuenoDavid BuenoFundador de DISSAU5 min de lectura
La Vaca PúrpuraParte 1 de 7Ver la serie completa

Imagina que vas manejando por el campo. A los lados, vacas: marrones, blancas, negras. Al principio quizá miras una o dos, pero después de un rato dejas de verlas. Se vuelven parte del paisaje. Todas iguales, todas olvidables.

Ahora imagina que, entre todas, aparece una vaca púrpura.

Frenarías. La mirarías. Sacarías el teléfono para tomarle una foto. Y lo primero que harías al llegar a casa sería contárselo a alguien: "no vas a creer lo que vi en el camino".

Ese es exactamente el efecto que tu negocio debería provocar: que la gente se detenga, que lo mire, que hable de él. Y la verdad incómoda es que casi ningún negocio lo logra.

"Ser bueno" dejó de ser una ventaja

Durante años el consejo fue siempre el mismo: haz un buen trabajo, cuida al cliente, ofrece calidad, y el éxito llegará solo. Y era verdad… cuando había pocas opciones.

Hoy tu cliente tiene decenas de opciones a un toque de distancia en el teléfono. En ese mundo, ser bueno ya no te distingue: es el precio de entrada. Es el mínimo. Todos en tu rubro son "buenos", o al menos dicen serlo. Y cuando todos son buenos, "ser bueno" deja de ser una razón para elegirte a ti.

No es que hagas mal las cosas. Es que hacerlas bien ya no alcanza para destacar.

El campo lleno de vacas marrones

Piensa en tu propio rubro por un momento.

Digamos que tienes un taller mecánico. En tu ciudad hay otros veinte. ¿Qué dicen todos? "Honestos, rápidos, precios justos, trabajo garantizado." Desde afuera, para el cliente que no te conoce, son exactamente la misma vaca marrón. Y cuando no puede distinguir a uno de otro, ¿cómo elige? Por el más cercano, o por el más barato.

Lo mismo pasa con una constructora, con una panadería, con un despacho de contabilidad, con casi cualquier negocio. Cuando el cliente no encuentra ninguna diferencia real, lo único que le queda para decidir es el precio. Y competir por precio es una carrera hacia el fondo: siempre habrá alguien dispuesto a cobrar un poco menos, hasta que nadie gane.

Ser una vaca marrón no es un problema de calidad. Es un problema de que nadie te ve.

Pintar tu negocio de púrpura

En DISSAU, a la salida de esa trampa la llamamos pintar tu negocio de púrpura: convertirlo en la vaca púrpura de su mercado.

No se trata de ser el más ruidoso. Ni el más barato. Ni el más grande. Se trata de ser memorable. De ser ese negocio por el que vale la pena detenerse, ese del que la gente quiere hablar. Un negocio del que se hace un comentario.

Y conviene aclarar algo de una vez, porque mucha gente se confunde: ser púrpura no es hacer payasadas, ni ponerte disfraces, ni gastar una fortuna en anuncios. No va de ser el más gracioso. Va de algo que se construye dentro de tu forma de trabajar —y a lo largo de esta serie vamos a desarmar exactamente cómo se hace—. Un negocio pequeño, sin un centavo en publicidad, puede ser muchísimo más púrpura que una gran empresa que gasta millones en ser olvidable.

La comodidad que te vuelve invisible

Hay una razón por la que la mayoría se queda marrón: se siente seguro.

A la vaca marrón nadie la critica. Pasa desapercibida, no molesta a nadie, no recibe malos comentarios. Pero tampoco la recuerda nadie, ni la recomienda, ni la busca. En un mercado saturado, mezclarte con el resto no es protección: es desaparecer despacio.

Ser distinto da algo de miedo. Pero quedarte igual que todos, hoy, es el camino más peligroso que puedes tomar.

Sobre esta trampa vamos a profundizar más adelante en la serie, porque es una de las más costosas que existen.

Y te vamos a ser honestos: esta es, en el fondo, la misma razón por la que DISSAU trabaja como trabaja. Casi todos los que ofrecen servicios para negocios ofrecen una sola pieza —la contabilidad por aquí, la página web por allá, los papeles legales en otro lado—. Ser el que junta todo en un solo lugar, desde el inicio, es nuestra propia forma de ser una vaca púrpura. Así que no te estamos predicando algo que no aplicamos a nosotros mismos.

Entonces, ¿por dónde empiezas?

Aquí viene lo interesante: el primer paso no es cambiar nada todavía. Es ver con claridad dónde estás parado.

Porque la mayoría de los dueños se cree más diferente de lo que en realidad es. La vaca marrón no sabe que es marrón. Y antes de poder pintar tu negocio de púrpura, necesitas saber, con honestidad, qué partes ya están destacando y cuáles se están mezclando con el resto del campo.

Para eso hicimos el Diagnóstico Vaca Púrpura. En unos 2 minutos, respondiendo con sinceridad, descubres qué tan memorable —o qué tan invisible— es tu negocio hoy, y qué es lo que te está frenando. Es gratis, y es el mejor lugar para empezar.

Este es el primer artículo de una serie en la que vamos a desarmar, paso a paso, cómo convertir un negocio común en uno del que la gente no puede dejar de hablar, con tus propios recursos y sin necesidad de millones. En la próxima entrega hablamos de qué significa de verdad ser "notable", porque casi todo el mundo lo entiende al revés.

Nos vemos en el camino. 🐮💜

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