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La trampa de lo seguro: por qué no arriesgar es el mayor riesgo

David BuenoDavid BuenoFundador de DISSAU4 min de lectura
La Vaca PúrpuraParte 3 de 7Ver la serie completa

En el artículo anterior quedamos en que destacar es cuestión de ser digno de que hablen de ti. Y ahí aparece un miedo muy natural: destacar suena a arriesgar. Y cuando pones en juego dinero de verdad —el tuyo, el de tu familia—, lo último que quieres es arriesgar.

Así que haces lo seguro. Lo que funciona, lo que hacen todos, sin salirte del molde. Se siente prudente. Y es, hoy, lo más peligroso que puedes hacer.

Lo seguro se siente seguro, pero no lo es

Ya lo dijimos al principio de esta serie: en un mercado saturado, mezclarte con el resto no es protección, es desaparecer despacio.

El riesgo de verdad no es probar algo distinto y que a algunos no les guste. El riesgo de verdad es parecerte tanto a todos los demás que nadie tenga una razón para elegirte, e ir volviéndote invisible mientras crees que estás siendo cuidadoso.

Lo seguro no es un refugio. En un mercado saturado, es una muerte lenta.

La historia de Kodak

Kodak era el gigante de la fotografía. Durante décadas, sacar una foto era, prácticamente, usar un Kodak.

Y aquí está lo increíble: Kodak inventó la primera cámara digital, en 1975. La tenía en sus manos. Pero lo digital amenazaba su negocio de rollos de película —su parte segura, la que daba dinero—, así que la guardaron en un cajón. Jugaron a lo seguro. Protegieron lo que funcionaba.

Esa decisión "segura" es exactamente lo que los hundió. En 2012 Kodak se declaró en bancarrota, mientras el mundo digital que ellos mismos habían inventado seguía adelante sin ellos. Lo seguro no protegió a Kodak: lo sepultó.

Y contigo es la misma trampa

No eres Kodak, pero la trampa es idéntica, y cuando eres pequeño, todavía más peligrosa.

El taller que hace exactamente lo que hacen los otros veinte talleres. El restaurante con el mismo menú que los demás de la cuadra. Se siente seguro —"esto es lo que funciona"—, pero significa que eres invisible. Y ser invisible significa que solo puedes competir por precio. Y competir por precio sí que es la verdadera carrera hacia el fondo: siempre habrá alguien que cobre un poco menos, hasta que nadie gane.

El camino seguro te lleva directo al lugar más peligroso de todos: la irrelevancia.

Dale la vuelta a cómo piensas el riesgo

La pregunta que casi todos se hacen es: "¿y si pruebo algo diferente y no le gusta a todo el mundo?".

Esa es la pregunta equivocada. La buena es al revés: "¿qué pasa si me quedo exactamente igual que todos los demás?".

Y la respuesta a esa es la que de verdad debería darte miedo: no pasa nada. Nadie se fija en ti. Nadie habla de ti. Te vas apagando.

Ser púrpura no es apostar el negocio

Y aquí viene el alivio: ser una vaca púrpura no significa jugarte todo el negocio en una locura.

Significa atreverte a ser distinto en algo concreto: en cómo atiendes, en lo que garantizas, en cómo te comunicas, en una cosa que sea tuya. Riesgos pequeños y pensados que te vuelven memorable, no un salto al vacío. No tienes que reinventarlo todo mañana. Tienes que dejar de ser una copia más.

Por eso, en DISSAU, una de las cosas que más vemos es a un negocio que sabe que necesita destacar pero se congela porque cambiar le da miedo. Buena parte de nuestro trabajo es justamente ese: hacer que ese cambio sea deliberado y de bajo riesgo, en lugar de un brinco a ciegas.

Por dónde seguir

Si sientes ese tirón —sabes que quedarte igual no está funcionando, pero no tienes claro dónde es seguro atreverte—, esa es justo la conversación que tenemos en un diagnóstico gratuito: una sesión en la que miramos tu negocio contigo y encontramos dónde puedes destacar sin jugarte la casa.

Este fue el tercer artículo de la serie. En el próximo vamos por el motor que casi nadie usa a propósito: ese pequeño grupo de personas apasionadas que, si las conquistas, hacen crecer tu negocio hablando de él por ti.

Nos vemos en el camino. 🐮💜

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