Desde los papeles hasta la última pantalla
Un taller montado desde cero: la constitución de la empresa, la identidad de marca con manual propio, las aplicaciones sobre uniforme, papelería, señalética, banderas y vehículo, y el sitio web. Polarizado, protección de pintura y detailing en Santa Clara, California.


- Cliente
- Imperium Auto Studio
- Tipo de negocio
- Polarizado, protección de pintura y detailing
- Área de servicio
- Branding
- Ubicación
- Santa Clara, California
- Año
- 2026
Servicios entregados
- Constitución de empresa
- Trámites y permisos
- Diseño de marca
- Manual de identidad
- Papelería
- Uniformes y textil
- Señalética y banderas
- Rotulación de vehículo
- Diseño y desarrollo web
- Redacción de contenidos
- Accesibilidad y contraste medido
El reto
Imperium empezaba de cero. No había empresa constituida, no había marca y no había nada que enseñar a un cliente antes de que entrara por la puerta. Y este oficio tiene una dificultad propia: se juzga por un acabado que nadie puede ver antes de comprarlo. El cliente llega con las expectativas ya formadas en otro sitio —que cuanto más oscuro más fresco, que el polarizado arregla un tablero ya decolorado, que el cristal se vuelve irrompible— y la mitad de los reclamos del sector vienen de una expectativa que nadie corrigió a tiempo. Había que montar el negocio y, a la vez, darle una forma de explicarse que no dependiera de tener a Miguel delante.
Lo que hicimos
Se montó en el orden en que un taller puede empezar a facturar. Primero el expediente: la entidad y los trámites, para que el negocio existiera antes que su logotipo. Después la marca. El identificador integra la letra «I» en blanco y una forma roja que completa la «M», levantado sobre una malla que toma la propia «I» como unidad mínima; de ahí bajan el área de respeto, las reducciones hasta el 30 % y las seis variantes. Veinticuatro páginas de manual con los cinco colores y su HEX, RGB y CMYK, la pareja tipográfica, el uso sobre fotografía —entre un 10 % y un 30 % de tinte, que en un taller es la regla que más se acaba usando— y una página entera dibujando las seis maneras de romperla. De ahí a lo que se toca: tarjeta, polo, gorra, bandera, caballete, colgador de espejo y la rotulación del vehículo. Y encima de esa base, el sitio: la paleta del manual convertida en variables de código, para que no pueda desviarse. La pieza propia es la guía del polarizado, que no es un folleto — dedica media página a lo que el polarizado NO hace, explica la diferencia entre VLT y TSER, compara los cuatro tipos de película con su pega incluida y resume la ley de California ventana por ventana. Es el mostrador, escrito. El resto se decidió midiendo, no mirando: un script recorre la web ya pintada y calcula el contraste real de cada texto sobre su fondo real. Encontró 44 fallos en tres pasadas, varios de los cuales el ojo había dado por buenos.
El resultado
Una empresa que existe en los papeles, una marca que ya no depende de quién la aplique —el bordado del polo, la tarjeta, el caballete de la acera y el lateral del coche salen del mismo archivo y de la misma regla— y una web que no afirma nada que no se pueda comprobar: las reseñas que se ven son las cinco publicadas en la ficha de Google, copiadas literalmente, sin corregir ortografía ni puntuación y con el nombre tal y como firma cada persona. Y la guía hace en la web el trabajo que antes solo se podía hacer en el mostrador: quien llega preguntando por el tono más oscuro se va sabiendo qué le conviene de verdad y qué es legal en su vehículo.
El manual de marca
El manual se entregó al cliente en español; las páginas que se muestran son las originales.

Una «I» y una «M» que se resuelven juntas
El identificador integra dos elementos: la letra «I» en blanco y una forma roja que completa la «M». Esa unión refuerza las iniciales del nombre y concentra el carácter de la marca en un símbolo compacto, que es lo que le permite funcionar igual en un bordado que en un favicon. Y la construcción no se deja al ojo: el sistema se levanta sobre una malla definida por la proporción de la propia «I», usada como unidad mínima, de modo que las proporciones se mantienen en todas las versiones del identificador.

La «I» mide el aire, y el 30 % es el suelo
El área de respeto no se estima: equivale como mínimo a la altura de la letra «I» del imagotipo, libre por los cuatro lados, tanto en la versión vertical como en la horizontal. La reducción también está probada. Al 100 % se presenta la versión completa; al 60 % se mantiene la relación entre elementos y sigue leyéndose en formatos medianos; al 30 % se prescinde del nombre escrito, y esa es la versión que entra en los espacios mínimos sin comprometer la asociación con la marca. Tener ese número escrito es lo que evita la discusión el día que alguien lo quiere meter en un bolígrafo.

Verticales, horizontales e isotipo
El manual resuelve las variantes por situación, no por gusto: verticales para cuando hay altura, horizontales para una cabecera web o el lateral de un vehículo, versiones simplificadas donde hace falta menos peso, el isotipo solo para bordados y redes, y el logotipo a secas cuando el símbolo ya está presente en el soporte. Son seis piezas para seis problemas distintos, y cada una tiene escrito cuál es el suyo.

Tres principales, dos secundarios, y un rojo que no es para texto
Rojo Ladrillo (#CD1420), Gris Alabastro (#E9E8E7) y Tinta Negra (#101518) como principales; Girasol Oro (#EEB81D) y Terracota Ardiente (#E94F27) como secundarios. Cada uno llega con su HEX, su RGB y su CMYK escritos, porque el rótulo de una furgoneta y una tarjeta impresa no se piden igual. Y de esa paleta salió una decisión que solo se ve midiendo: el Rojo Ladrillo da 3,30:1 sobre el fondo oscuro, así que en la web funciona como fondo de botón y nunca como color de texto pequeño. Para el énfasis en línea entra el Terracota, que da 5,00:1.

Causten para titular, Source Sans para leer
Causten es la tipográfica principal: geométrica, de trazo limpio, pensada para titulares y para el propio logotipo, donde la legibilidad a distancia manda. Source Sans Pro entra como secundaria para el texto largo, las interfaces y los soportes editoriales, que es donde una geométrica cansa. La misma pareja se llevó tal cual a la web, servida desde el propio servidor y no desde un tercero.

Sobre foto, entre un 10 % y un 30 %
Este es un taller: casi todo su material va sobre fotografías de coches, que son imágenes con mucho detalle y mucho brillo. El manual no lo deja al criterio de cada uno — establece un tinte de entre el 10 % y el 30 % sobre la imagen, según cuánto detalle tenga, para que el identificador y el texto conserven contraste suficiente. Esa regla es la que gobierna el hero de la web y todas las cabeceras interiores.

Seis maneras de romperla
El manual dedica una página entera a lo que no se hace, dibujado y no solo enunciado: rotar el identificador, deformarlo, recolorearlo con los secundarios, alterar sus elementos, cambiar la tipografía y colocarlo sobre una imagen donde no hay contraste entre figura y fondo. No están para limitar a quien diseña, sino para que la marca sobreviva a todas las manos por las que va a pasar — el que borda el polo, el que imprime la tarjeta y el que rotula el coche.
El proyecto en imágenes








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